Cuando retiraron los confinamientos por la pandemia y la vida volvió a la normalidad, todo el mundo se sintió aliviado. ¿Quién hubiera pensado que el mero hecho de salir a la calle y pasear entre la gente pudiera ser tan placentero? Durante un tiempo, la gente se olvidó del COVID-19. Pero luego volvió a salir en las noticias, a medida que más y más personas empezaban a sufrir los efectos secundarios de la enfermedad. Lamentablemente, entre esos efectos secundarios está la caída del cabello.

Las investigaciones confirmaron que la pérdida de cabello post-COVID era real. Un estudio estimó que aproximadamente el 10% de las personas reportaron pérdida capilar después de haber sufrido COVID-19. Un segundo estudio superó esa cifra, situándola en más del 66%. Sin embargo, ambos estudios coincidían en que las mujeres parecían verse más afectadas que los hombres. Este artículo se enfoca en esa disparidad. ¡Sigue leyendo!

¿Por qué ocurre?

Algunas personas empiezan a notar que se les cae el pelo, meses después de haberse recuperado del virus. La experiencia puede ser muy angustiante: los afectados informan que se les caen mechones y mechones de pelo. Este tipo de pérdida capilar repentina tiene un impacto devastador en nuestra confianza y autoestima. Puede afectar nuestra capacidad para desenvolvernos en el trabajo, y puede agregar tensión en nuestras relaciones personales.

¿Por qué ocurre esto? La razón, al parecer, es la fiebre. Los estudios demuestran que los que tienden a sufrir pérdida capilar en los meses posteriores al COVID son quienes presentaron fiebre alta entre los síntomas. Ciertamente, este no es un fenómeno exclusivo del COVID-19. La pérdida de cabello es una característica bien documentada de otras enfermedades que provocan fiebre.

El estrés y el trauma de tener fiebre, junto con el tratamiento que viene asociado, provoca un ataque de efluvio telógeno. Esta afección hace que el cabello entre en la fase telógena de su ciclo de crecimiento, deteniendo su desarrollo y dándole inicio a un periodo de caída capilar. En circunstancias normales, sólo un 15% del cabello está en fase telógena. Pero cuando se produce efluvio telógeno, ese porcentaje puede aumentar hasta el 60%. Como consecuencia, la caída del cabello puede ser bastante drástica.

¿Las mujeres son más vulnerables?

Los dos estudios mencionados anteriormente incluyeron a personas que sufrían pérdida de cabello y que habían tenido un diagnóstico previo de COVID-19. En el primer estudio, casi el 80% de los que presentaron ese síntoma eran mujeres. En el segundo estudio, de 128 adultos, 104 eran mujeres. Obviamente, estos estudios comprendían un número reducido de personas, pero existen otras pruebas que apoyan la hipótesis de que las mujeres se ven más afectadas por la caída del cabello derivada del COVID. Han surgido grupos de apoyo en línea para los afectados, en sitios como Mumsnet UK y Facebook. Estos grupos tienen decenas de miles de seguidores, y la mayoría son mujeres.

Por lo tanto, ¿son las mujeres más vulnerables a este tipo de pérdida capilar? Tal vez no. Es probable que solo sea que las mujeres son más propensas a notar el problema e informar de lo ocurrido. Las mujeres suelen tener el pelo más largo que los hombres, y las personas con el pelo largo suelen notar la caída del cabello con más facilidad. Es mucho más fácil detectar un caso de caída del cabello cuando el paciente deja largos mechones en la ducha, en la almohada o en el cepillo.

¿Más preocupación?

¿Las mujeres son más atentas a los cambios que sufre su cabello? Siempre se ha dicho que las mujeres están obsesionadas con su aspecto (concretamente con su pelo) mientras que los hombres son más indiferentes. Pero si echamos un vistazo a las ventas de productos de cuidado masculino en los últimos años, es comprensible que nos surjan dudas. Además, cada vez más hombres se hacen trasplantes y procedimientos capilares, posiblemente porque la calvicie es más común entre ellos.

A pesar de todo, hay indicios que sugieren que las mujeres se preocupan más por la caída del cabello que los hombres. La razón podría ser que la pérdida capilar masculina se ha normalizado mucho más que la femenina. Décadas atrás, un hombre con la cabeza rapada era una rareza, y muchos podían percibirlo como agresivo. Hoy en día, llevar la cabeza afeitada es casi una declaración de moda. Lamentablemente, las mujeres no tienen esa misma opción. La caída del cabello sigue siendo catastrófica para ellas, lo que posiblemente explique por qué las mujeres están más atentas a cualquier señal de calvicie, y son más propensas a buscar ayuda cuando la detectan.

Conclusión

La caída del cabello posterior al COVID es el último golpe de un virus particularmente molesto. La única buena noticia es que este tipo de caída capilar es temporal, así que el pelo debería volver a crecer tras unos meses. Mientras tanto, hay que seguir una dieta y un estilo de vida saludables. También puedes consultar a tu peluquero, para ver cómo puedes disimular los peores efectos de la caída del cabello, cambiando de corte o peinado. Considera la posibilidad de inscribirte en uno de los grupos de apoyo en línea para las personas que sufren caída del cabello post-COVID. Escuchar a otras personas que están en la misma situación que tú puede ser de mucha ayuda.

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